domingo, 20 de enero de 2013

JUAN JOSÉ MILLÁS - Tortura


 JUAN JOSÉ MILLÁS 

Miércoles 22 de septiembre de 2010

 El general Videla ha declarado ante el tribunal que le juzga que los militares argentinos, durante la represión, fueron crueles, pero no sádicos. 
 Lo que diferencia al cruel del sádico es que el último disfruta con lo que hace. 

El matiz está bien traído, pero pone los pelos de punta a cualquiera. Si lo hemos entendido bien, lo que el militar argentino ha querido decir es que cortaban las manos a los detenidos, sí, pero sin ganas, a la fuerza, como el que lleva a cabo un cometido desagradable. 

Ha querido decir que introducían repetidamente la cabeza del preso en un cubo lleno de mierda sin obtener de ello otro gozo que el del deber cumplido. Ha querido decir que desnudaban a sus víctimas y les aplicaban electrodos en los genitales de mala gana, como si cada vez que se producía la descarga eléctrica se les pusiera mal cuerpo. Ha querido decir que violaban a las presas porque era lo que mandaban las ordenanzas, pero que mientras las penetraban violentamente sufrían infinito. 

Ha querido decir que arrancaban los bebés del vientre de sus madres y se los entregaban a sus compañeros de armas estériles como el que ficha al entrar en la oficina. Con la misma actitud de fastidio laboral, asesinaban luego a esas madres y las hacían desaparecer. Ha querido decir que colgaban de los dedos de los pies a los cautivos con la actitud artesanal del que aprieta una tuerca, y sin dejar de mirar la hora, para ver si terminaba la jornada laboral y podían dedicarse por fin a hacer el bien. Ha querido decir…

¿Se pueden realizar a disgusto todas esas barbaridades? Para qué vamos a engañarnos: no. Es imposible sacar los ojos a un semejante, o arrojarlo vivo al mar desde un helicóptero, con la frialdad de un burócrata que trabaja en régimen de jornada partida. No hay posibilidad alguna de arrancar las uñas a una adolescente embarazada sin sentir placer. 


Resulta inviable de todo punto asesinar a un niño delante de su madre si los gritos de dolor de ambos no te excitan. Quiere decirse que el general Videla miente, pero miente en su contra. ¿Por qué? Porque da más miedo un tipo capaz de llevar a cabo todas esas atrocidades sin sentir ninguna complacencia que sintiéndola.

Violar sin placer - Diario de Mallorca

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