sábado, 30 de abril de 2016

¿De dónde consiguen los miembros del Estado Islámico sus 'juguetes'?

¿De dónde consiguen los miembros del Estado Islámico sus 'juguetes'?: El analista político Jonas E. Alexis plantea una de las preguntas 'más desconcertantes' en torno al escenario sirio: ¿de dónde consigue el grupo terrorista Estado Islámico su armamento? 'Estados terroristas como Israel han sido cómplices del EI desde tiempo inmemorial', sostiene Alexis.

¿De dónde consiguen los miembros del Estado Islámico sus 'juguetes'?

¿De dónde consiguen los miembros del Estado Islámico sus 'juguetes'?: El analista político Jonas E. Alexis plantea una de las preguntas 'más desconcertantes' en torno al escenario sirio: ¿de dónde consigue el grupo terrorista Estado Islámico su armamento? 'Estados terroristas como Israel han sido cómplices del EI desde tiempo inmemorial', sostiene Alexis.

domingo, 24 de abril de 2016

Hiperregulación

 
 La gran estafa legislativa que impide a la gente ganarse la vida
Javier Benegas - Juan M. Blanco  

Bodegas en mitad del campo que han de cumplir el “reglamento para la protección de la calidad del cielo nocturno”, permisos que se han de solicitar en ventanillas que no existen, obras de insonorización por importe de miles de euros para diminutas escuelas de yoga, instrucciones para declarar impuestos que parecen jeroglíficos...

Ramón Iglesias, ingeniero y promotor español, necesitó tres años de gestiones, 10.000 euros en licencias, centenares de papeles y complejos trámites con más de 30 funcionarios de 11 departamentos pertenecientes a cuatro Administraciones diferentes, antes de poder abrir su bodega ecológica. Tuvo que pagar 1.300 euros por un estudio de impacto acústico a pesar de que sus instalaciones eran silenciosas y se encontraban muy alejadas del lugar habitado más cercano. Le exigieron una certificación de “innecesariedad” de realizar actividad arqueológica y, también, un informe sobre iluminación por si incumplía el “reglamento para la protección de la calidad del cielo nocturno”. En resumen, Ramón sufrió innumerables zancadillas administrativas a pesar de que iba a generar puestos de trabajo en una de las zonas más deprimidas de España

El caso de Ramón es el del típico emprendedor solvente a punto de naufragar en el mar de los Sargazos de esas trabas burocráticas a la actividad económica creadora de empleo, que más parecen provenir de la calentura de mentes desquiciadas que de una labor legislativa y reguladora responsable. Hay casos aún más inauditos, como el de un empresario mexicano que, tras un año de trámites y gestiones en España, tuvo que tirar la toalla al descubrir que uno de los permisos exigidos sólo se expedía en una ventanilla que ni siquiera existía. O, a una escala más modesta, la pequeña escuela de yoga, con aforo para apenas 14 personas, a la que se exigió acometer obras de insonorización por importe de 14.000 euros (más IVA) pues, como es bien sabido, el yoga es una actividad extremadamente ruidosa.

Exorcizando el espíritu emprendedor

Ramón no desistió en su empeño. Afortunadamente contaba con financiación suficiente y un proyecto bien planificado. A trancas y barrancas, descapitalizándose, llegó braceando a la orilla. Otros, con proyectos más modestos, como muchos autónomos, terminan desistiendo. Tras años de esfuerzos, angustias y estrecheces, acosados por las trabas administrativas, perseguidos por Hacienda, la Seguridad Social y los bancos, regresan completamente arruinados al lugar del que provenían: la cola del paro o la economía sumergida. En adelante, la mayoría de ellos preferirán malvivir de un triste subsidio que volver a pasar por ese infierno: comerán mal, pero al menos dormirán tranquilos. ¡Que el espíritu emprendedor se encarne en otro cuerpo.

En España, a cada intento de realizar una actividad económica corresponde una interminable lista de disparates administrativos. El delirio ha alcanzado tales cotas que, a la sombra de las prolijas normativas municipales, han florecido empresas concertadas que, por un buen dinero, “ayudan” al atribulado emprendedor a desenmarañar la madeja normativa, a conocer cómo y cuándo -y a qué coste administrativo- podrá abrir su peluquería, panadería, taller, tienda, despacho o garito. Nada mejor que el desglose de las tarifas de estos conseguidores para hacerse idea del absurdo. Algún malpensado podría llegar a la conclusión de que se ha legalizado aquello que antaño llamaban “mordida”. Para el legislador no hay peces pequeños, incluso la actividad lucrativa realizada en la propia vivienda está sujeta a inescrutables normativas. Y qué decir del “práctico” manual de Hacienda para cumplimentar la declaración de IVA: 12 páginas de retorcida jerigonza leguleya que deprimirían al más entusiasta aficionado a la hermenéutica o a la resolución de jeroglíficos.

¿A qué se debe tanto despropósito?, ¿acaso los legisladores se la tienen jurada a los emprendedores, autónomos y diminutos empresarios?, ¿nos encontramos a merced de sádicos que disfrutan mortificando a quien sólo aspira a ganarse la vida dignamente?, ¿o es simple y pura incompetencia? De ningún modo. Los políticos y los burócratas no son psicópatas ni estúpidos: su comportamiento es coherente con sus propios objetivos.

Los oscuros propósitos de la hiperregulación

En los años 80 del pasado siglo, un economista peruano, Hernando de Soto, analizó un curioso fenómeno. En las grandes ciudades del Perú, como en las de otros países, existían grandes masas de población que subsistían llevando a cabo labores artesanales, industriales o de servicios, pero siempre sumergidas, aun cuando sus actividades eran lícitas. ¿Por qué nadie se regularizaba? De Soto sospechó rápidamente que el exceso de regulación, la multiplicidad de permisos y la dificultad para obtenerlos podían ser la causa. Comprobó que para abrir un mero taller textil hacían falta permisos de 11 organismos distintos, que requerían 289 días completos de trámites burocráticos, con un coste final de 1.231 dólares de la época (32 veces el salario mínimo en Perú). Y en algunos casos era imposible conseguir la licencia sin recurrir a sobornos. Este estudio dio origen al ya clásico libro El otro sendero.

Tal despropósito condenaba a muchas personas a vivir en la precariedad. Podían ganarse el sustento pero siempre bajo la espada de Damocles de la suspensión y el cierre y, no menos importante, imposibilitados para hacer crecer su negocio y prosperar, porque el acceso al crédito estaba vedado a las empresas irregulares. Lo sorprendente era que, aun siendo las consecuencias tan graves, pocos gobiernos estaban dispuestos a acometer una simplificación legislativa. El motivo era simple: en muchos países, entre ellos el nuestro, los dirigentes políticos no persiguen el bien común; están al servicio de sus propios intereses. No se dedican a la política para servir a la sociedad sino para servirse de ella. Las complejísimas regulaciones no aparecen de manera inocente. Son establecidas deliberadamente por gobernantes sin escrúpulos como subterfugio para otorgar favores a sus aliados y asegurarse nuevas oportunidades de enriquecimiento ilícito. Esas barreras son los meandros administrativos donde se embalsa la corrupción.

La hiperregulación restringe la libre entrada a la actividad económica para que unos pocos privilegiados puedan operar sin apenas competencia, obteniendo enormes beneficios de mercados cautivos que comparten con los políticos a través de comisiones, regalos, puestos en el consejo de administración. Las normas o requisitos deben ser enrevesados y ambiguos para permitir cierto grado de discrecionalidad a la hora de conceder permisos y licencias. El fenómeno es tan antiguo que ya fue señalado por el historiador romano Cornelio Tácito: "Corruptissima re-publica, plurimae leges" (cuanto más corrupto es un país más leyes tiene).

Desgraciadamente, esta estrategia está muy extendida por todas las administraciones españolas. Mientras la oligarquía política y económica se enriquece, la gente corriente experimenta enormes dificultades para encontrar trabajo o desarrollar una actividad económica. Muchos conciudadanos quedan atrapados en el círculo de la pobreza; condenados a vivir del subsidio o trampear en la economía sumergida. Cada vez que los costes de entrada en el mercado se incrementan un 10%, la densidad de empresas desciende un 1%,  con efectos devastadores  para la competencia, la productividad, la innovación y, sobre todo, el empleo. Las consecuencias son todavía más graves en el caso español por la cantidad y disparidad de disposiciones: más de cien mil leyes, normas y regulaciones que ocupan… ¡1.250.000 páginas en el BOE y otras 800.000 en los boletines de las Comunidades Autónomas!*

Ni la formación ni la tecnología ni la globalización

Ciertos gurús insisten en la falta de formación, el atraso tecnológico y la presión de la globalización como principales causas del elevadísimo paro estructural que padecemos. Se equivocan. La hiperregulación maliciosa es, con mucho, el principal problema, la máquina infernal del desempleo, la pobreza y la frustración. ¿De qué nos servirá poseer la mejor formación si el legislador, sea nacional, autonómico o local, determina caprichosamente quién puede ejercer una actividad y quién no? ¿Cómo aprovecharemos la más portentosa tecnología, si los gobernantes pueden favorecer a sus amigos y partidarios, negando el pan y la sal al ciudadano innovador que quiere ganarse la vida honradamente? ¿Para qué valdrá la mayor capacidad de adaptación si los políticos generan infinidad de complejas y contradictorias normas con el fin de ejercer la discriminación, enriquecerse, y pasarse la igualdad ante la ley por el forro de sus sillones?

Resulta fascinante que muchos dirigentes políticos, alguno con sus posaderas recientemente asentadas en el Congreso, distraigan al común con la lacra del fraude fiscal y apelen a su civilidad para ordeñarle como si fuera una vaca, cuando el verdadero fraude, el más oneroso, el más colosal es el fraude legislativo: ese del que todos ellos son cómplices necesarios.
___
(*) Las cifras de páginas no es el total sino sólo las publicadas entre 2009 y 2014.
http://vozpopuli.com/analisis/77591-la-gran-estafa-legislativa-que-impide-a-la-gente-ganarse-la-vida

Olso Gospel Choir - Open the eyes of my heart(HD)With songtekst/lyrics


sábado, 16 de abril de 2016

La enorme catástrofe ambiental de la que nadie sospecha en EE.UU.

La enorme catástrofe ambiental de la que nadie sospecha en EE.UU.: Los productores de petróleo y gas en EE.UU. expulsan cantidades impredecibles de metano a la atmósfera cada año, de acuerdo con un estudio ambiental del EDF.

miércoles, 6 de abril de 2016

'El yihadista encerró a una niña de dos años en una lata y la puso al sol durante siete días'

'El yihadista encerró a una niña de dos años en una lata y la puso al sol durante siete días': Un médico que trata a las mujeres que eran rehenes del Estado Islámico ha revelado a un periódico ruso los horrores de sus cautiverios, en un relato que les pondrá los pelos de punta.

martes, 5 de abril de 2016

Los británicos compran como esclavos a menores de India y Nepal

Los británicos compran como esclavos a menores de India y Nepal: Los jóvenes que sobrevivieron al devastador terremoto en la zona corren el riesgo de terminar en manos de traficantes de personas, que los venden por cerca de 7.500 dólares.

sábado, 2 de abril de 2016

President Erdogan’s Thin Skin - The New York Times


 Like other authoritarian leaders, President Recep Tayyip Erdogan of
Turkey has made it a point to show his people who’s boss. He has waged
war on the Kurdish separatists, imprisoned critics, taken control of
much of the media, cowed the military and convinced a preponderance of
his people that he is indispensable.

But Mr. Erdogan does,
it seem, have a vulnerability: a thin skin. He cannot abide criticism.
The evidence is the nearly 2,000 cases that prosecutors have opened
against Turks for insulting Mr. Erdogan since he was elected president
18 months ago.

On the list of
offenders are cartoonists, journalists, academics, even children. In a
rather bizarre example of this trend, a Turkish man recently filed a
criminal complaint against his wife for insulting Mr. Erdogan. It is the
first known instance where someone has been the subject of a
complaint for maligning the president in the privacy of his or her own
home, Reuters reported.:


Turkish
prosecutors have opened nearly 2,000 cases against people for insulting
Tayyip Erdogan since he became Turkey's president 18 months ago, the
justice minister said on Wednesday.

Insulting
the president is a crime in Turkey punishable by up to four years in
jail, but the law has previously been invoked only rarely. Critics
accuse Erdogan of intolerance and say he is using the law to stifle
dissent.

Those who have faced trial for insulting Erdogan include journalists, cartoonists, academics and even schoolchildren.

President Erdogan’s Thin Skin - The New York Times

miércoles, 30 de marzo de 2016

In Syria, U.S.-armed militias fight each other in contested territory - Chicago Tribune

Syrian militias armed by different parts of the U.S. war machine have begun to fight each other on the plains between the besieged city of Aleppo and the Turkish border, highlighting how little control U.S. intelligence officers and military planners have over the groups they have financed and trained in the bitter 5-year-old civil war.



In Syria, U.S.-armed militias fight each other in contested territory - Chicago Tribune

martes, 29 de marzo de 2016

El juez De la Mata afea a Estados Unidos la falta de colaboración contra una célula yihadista | España | EL MUNDO

- No vaya a ser que sean de los suyos !.

 

"El juez de la Audiencia Nacional José de la Mata ha concluido el sumario abierto contra una presunta célula yihadista desarticulada en enero del año pasado en el barrio del Príncipe, en Ceuta. En su resolución, el magistrado destaca que todos los requerimientos realizados a Estados Unidos para recabar su cooperación con el caso "han resultado infructuosos" y "no hay expectativas razonables" de que "vayan a ser atendidas en el futuro".



El juez De la Mata afea a Estados Unidos la falta de colaboración contra una célula yihadista | España | EL MUNDO