jueves, 29 de marzo de 2012

Terrorismo - El tonto útil

- La soledad del lobo -

José Manuel Ponte

Como suele ocurrir últimamente en los extraños atentados terroristas que nos afligen, fue imposible detener con vida al autor material de las matanzas de Toulouse.

Es un rasgo común a los sucesos trágicos acaecidos en Nueva York, Madrid y Londres durante la primera década del siglo XXI.

Y también lo es que, al poco de cometerse los atentados, la policía ya conozca la identidad de los asesinos, y que estos o bien se suiciden durante la acción terrorista o poco tiempo después mientras son cercados por las fuerzas de seguridad.

Y ninguno queda vivo para someterse a un juicio público que permita saber las razones de fondo de esos atentados y de las complicidades que permitieron cometerlos. El Gobierno de Estados Unidos tuvo la oportunidad de aclarar muchos misterios cuando secuestró en Pakistán a Bin Laden (el hombre malo que supuestamente planeó todos estos crímenes), pero prefirió ejecutarlo y arrojar su cadáver al mar para que su tumba no acabara por convertirse en un lugar de peregrinación. Al menos, eso nos contaron.

Habría que preguntarse por qué razón la policía que tan rápidamente conoce la identidad de los asesinos y nos proporciona sus fotos y datos biográficos no es, en cambio, tan diligente en la prevención de sus fechorías, pese a que ya estaba avisada de la peligrosidad de estos sujetos.

El joven autor de las matanzas de Toulouse, por ejemplo, había viajado hasta Afganistán y allí fue detenido por agentes del servicio secreto norteamericano que luego lo entregaron a las autoridades francesas sin que fuera posible aclarar si ese viaje era solo turístico o escondía otros propósitos.

Al parecer, su pasaporte acreditaba que había visitado también Pakistán, Israel, Siria, Irak y Jordania.

Demasiado periplo para un muchacho pobre de apenas veinte años de edad.

La cantidad de cabos sueltos que dejan estos sucesos ha provocado una gran polémica política en Francia y no faltan quienes acusan al presidente Sarkozy de utilizarlo en beneficio de su campaña electoral, en la que viene utilizando argumentos demagógicos para combatir unas encuestas desfavorables.

En los periódicos que yo leo (en su mayoría de tinte conservador) se traza un perfil del difunto Mohamed Merah, un francés de ascendencia argelina, como un fanático influido por esa difusa ideología de la no menos difusa organización terrorista llamada Al Qaeda que, al parecer, funciona en todo el mundo mediante franquicias, como algunas marcas de lujo.

Su método de trabajo consiste en lanzar mensajes en video desde una cueva remota de Asia con destino a una hipotética audiencia de fanáticos islámicos, que luego se organizan por su cuenta y riesgo, sin vinculación orgánica alguna con la sede central.

"Lobos solitarios" le llaman a esta gente en los medios. Fuera del hecho conocido de que los lobos suelen actuar en manadas perfectamente jerarquizadas, el tipo de conducta de estos fanáticos me recuerda a lo que los psiquiatras denominan el "síndrome Amok". Es decir, a la súbita explosión de rabia salvaje que hace que la persona afectada emprenda una loca carrera homicida matando a todos con quienes se cruza. ¿Rabia autónoma o inducida? Eso está por ver.

Miércoles 28 de marzo de 2012

http://www.farodevigo.es/opinion/2012/03/28/soledad-lobo/636245.html

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