domingo, 5 de junio de 2011

L a guerra civil española - ARTURO PÉREZ REVERTE - 2

La guerra civil que perdió Bambi


En mi familia perdieron la guerra. Mi padre hizo poco para ganarla, pues la pasó en artillería antiaérea, jugando al ajedrez entre bombardeo y bombardeo. Pero mi tío Lorenzo, que se alistó con dieciséis años y volvió de sargento y con agujero de bala a los diecinueve, se comió el Ebro y Belchite. Quiero decir con eso que, por nacer doce años después de la guerra, tuve información oral fresca: combates, represión, cárceles, paseos a manos de milicianos o falangistas, y cosas así. Soy de Cartagena, donde la cosa estuvo cruda. Tuve además, como casi todos los españoles, a parientes en ambos bandos; y allí lucharon y también fueron fusilados por unos y otros, en aquella macabra lotería que fue España.



Poseo, por tanto, elementos casi de primera mano sobre esa parte de la memoria que ahora tanto agitan. Y nunca me tragué lo de buenos y malos: ni cuando niño las hordas rojas, ni de mayor los fascistas de fijador, brillantina y correaje. Tuvimos de unos y otros, naturalmente. Y a la guerra siguió una dictadura infame, ajena a la caridad. Pero hay un par de puntualizaciones necesarias. Una es que, españoles todos, llenos de los rencores, las envidias y la mala baba de la estirpe, canallas y asesinos lo fuimos en los dos bandos. Otra, que casi todos se vieron envueltos en aquello muy a su pesar; y que, entusiastas y héroes aparte -a ambos lados los hubo con igual coraje y motivos-, la mayor parte estuvo en las trincheras de modo aleatorio, según donde tocó. La prueba es que hubo más deserciones -pasarse, decían- por volver al pueblo con la familia, que por ideología nacional o republicana.



Por eso estoy hasta los cojones de que me vendan burros teñidos de azabache. Si de pequeño no creí lo de la Cruzada y la espada más limpia de Occidente, no pretenderán que me trague ahora lo del pueblo en armas en plan Bambi: aquí la buena gente proletaria, y allí espadones y señoritos. Mi padre y mi tío, verbigracia, eran chicos de buena familia, pero defendían a la República. Entre otras cosas, porque el pueblo eran muchos pueblos y muchos hijos de vecino, y cada cual, según le iba o donde caía, era de su padre y de su madre. Por mucho que, a falta de argumentos actuales, de inteligencia política, de cultura, de ideas claras y de otra cosa que no sea el hoy trinco votos y mañana veremos, ciertos habituales de los telediarios estén empeñados en ganar por la cara, setenta años después, las guerras que perdieron sus abuelos, o los míos. Y no sé hasta qué punto la demagogia y el fraude calarán en jóvenes a quienes eso queda muy lejos; pero ya empiezo a estar harto de tanto bocazas y tanto cuento chino. Una cosa es que aquellos a cuyos parientes fusilaron por rojos puedan, al fin, hacer lo que hicieron otros en los años cuarenta: honrar los huesos de sus muertos. Otra, que se falsee la Historia para reventar al adversario político de ahora mismo, suplantando la realidad con camelos como aquel grotesco Libertarias que rodó hace años Vicente Aranda, poblado de angelicales milicianos. Por ejemplo.



Así que ya está bien de mezclar churras con merinas. Tengo verdaderas ganas de oír, en boca de estos cantamañanas aficionados no a desenterrar muertos, sino rencores, que el franquismo sometió a España a una represión brutal, cierto; pero que, de haber ganado la República, sus fosas comunes también habrían sido numerosas. Que ya lo fueron, por cierto, aunque ahora se cargue todo en la ambigua cuenta de los incontrolados. Y no digamos si hubieran vencido los tipos duros del partido comunista, entonces férreamente sujeto al padrecito Stalin; pregúntenselo a don Santiago Carrillo, que de ajustes de cuentas con derechas e izquierdas sabe un rato.


Y en cuanto a los nacionalismos radicales -esos miserables paletos que tanta manteca han sacado de la guerra civil, y la siguen sacado-, sería útil recordarles que al presidente Companys, por ejemplo, cualquier gobierno izquierdista fuerte y consecuente lo habría fusilado también, acabada la guerra, por traidor a la República, a la Constitución y al Estatuto. Y del pueblo vasco que acudió a defender la libertad, curas incluidos, como un solo gudari y como una sola gudara, podemos hablar despacio otro día, porque hoy se me acaba la página. Incluidos los tercios de requetés donde se alistaron de abuelos a nietos apellidados Iturriaga, Onaindía, Beascoechea, Elejabeitia, Orueta o Zubiría; a quienes ni siquiera Javier Arzalluz -la jubilación más aplaudida de la historia reciente de España- podría llamar españoles maketos de mierda.


http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/116/la-guerra-civil-que-perdio-bambi/


El Semanal - 15/10/2006

L a guerra civil española - ARTURO PÉREZ REVERTE

LA GUERRA QUE TODOS PERDIMOS.

Los niños. Eso es siempre lo peor, en cualquier guerra; pero todavía hoy, cada vez que veo las viejas imágenes en blanco y negro, o las fotos desvaídas de hace sesenta años, me remuevo incómodo en el asiento al verlos pasar ante mí, llorando de la mano de sus padres por la frontera camino del exilio, agazapados en un portal mirando hacia arriba mientras suena el estrépito de las bombas, haciendo colas con ojos grandes de hambre y miedo para conseguir un mendrugo de pan.

El cadáver en la cuneta, el soldado que tiembla de frío en el frente de Huesca, el inválido ayudado por los compañeros que es empujado por los gendarmes franceses mientras se le cae la manta raída de los escuálidos hombros... Estos otros personajes son adultos; saben, o al menos deben saber qué diablos está ocurriendo. Por eso me producen menos compasión que esas docenas de ojos de críos que miran sin comprender. Que todavía hoy, medio siglo y una década más tarde, congelados en las sales de plata de la película fotográfica donde ya nunca envejecerán ni morirán, siguen mirándonos con ojos espantados que son una acusación, una denuncia, un insulto, un recordatorio de nuestro oprobio, nuestra vergüenza y nuestra locura.

Esa guerra civil no la viví; pero he vivido otras y sé que siempre son la misma. Esa guerra civil no la presencié, pero me la contaron cuando niño, mientras aún estaban frescas las heridas, la huella de la metralla en los muros de los edificios; cuando todavía había hombres y mujeres en cárceles y en el exilio y cuando el general Franco aún firmaba sentencias de muerte.

De las veladas alrededor de la mesa de camilla de mi abuelo recuerdo historias de bombardeos, y de ejecuciones públicas para después, ante los cadáveres hacer desfilar a las tropas a fin de que tomases buena cuenta de ello. Historias de héroes y de gentuza, mezclados unos con otros; indiferenciados bajo el mono azul de miliciano, la boina de requeté o la camisa azul de Falange. Relatos escalofriantes de amigos, vecinos y parientes detenidos de madrugada, sacados de su casa en pijama mientras la mujer y los hijos imploraban en la escalera; juzgados en tribunales sumarísimos, torturados en chekas, fusilados ante un paredón bajo la bendición de un cura con el yugo y las flechas bordado en la sotana, o asesinados a la luz de los faros de un camión en cualquier carretera. Esas viejas carreteras españolas, las monótonas autovías también nos borraron esa memoria, donde muchos años después aún me estremecía al ver los pequeños monumentos conmemorativos de lugares donde hombres de toda condición e ideología fueron asesinados con las luces del alba. Un nombre, una fecha, a veces una cruz. A veces flores secas.

Cada uno de nosotros tiene una, veinte historias familiares. Estúpidos aquellos jóvenes que no acuden a sus mayores a que se las cuenten, antes de que estas historias se extingan con ellos y duerman en el silencio sin aportar nada a las generaciones que no lo vivieron, haciendo imposibles la lucidez y la experiencia. Mis mayores han muerto, o están muriendo poco a poco,; pero el niño curioso que fui logró arrancar un puñado de esas historias al olvido, y ahora lamento que no hubieran sido más. Lamento las horas perdidas sin preguntar a aquellos que ya no están conmigo.

Eran- son las historias de cada uno de nosotros: de nuestros padres y nuestras madres y nuestros abuelos. Así pude saber, así sé, del tío Lorenzo, que cruzó el Ebro con diecisiete años y el agua por la cintura, con dos cojones, un máuser en las manos y los dientes apretados, que recibió un balazo y volvió a casa de sargento republicano con dieciocho años, y que nunca cumplió los veinte.

Así pude saber de cuando mi abuelo Arturo pasó cuatro horas bajo un bombardeo, pegado a la pared de un polvorín; o de cuando una noche unos milicianos quisieron llevárselo a dar un paseo porque había cenado a la luz de una vela y eso, decían, era señales para la aviación nacional. O de cuando sus antiguos compañeros de la Armada quisieron fusilarlo por haber permanecido fiel a la República. Así supe de mi madre con doce años llevándole comida a la cárcel a Pencho, mi otro abuelo, y cómo siempre pedía a los carceleros darle la fiambrera en persona, para así verlo un instante entre las rejas de un portillo y contarle a mi abuela que seguía vivo.

O de mi tio Antonio que todavía, con setenta tacos largos, llora cuando recuerda el día en que le llevó, teniendo trece años, en bicicleta, una tortilla de patatas hecha por su madre a su hermano, cuya brigada pasó un día a treinta kilómetros de Cartagena. O de mi abuela María Cristina paralizada en mitad de la calle en mitad de un bombardeo alemán. O de mi tio Peque, que aprovechaba los ataques aéreos para ir corriendo por las calles desiertas, llenas de cristales rotos, y ponerse el primero en la cola del pan antes de que la gente saliera de los refugios.

O de mi padre, caminando en una de las filas de soldados a uno y otro lado de la carretera, la manta al hombre y el fusil a la esplada, camino del matadero, salvado de casualidad porque un comisario se detuvo junto a él y preguntó quién de aquella fila tenía estudios y sabía escribir a máquina. O del tío de mi madre fusilado porque un vecino era militar, y los del piquete, que eran analfabetos, se equivocaron de piso. O la cajita de lata que siempre conservó, hasta su fallecimiento, mi abuela Juana, con las cartas escritas desde el frente por su hijo muerto, la bala que le sacaron en su primera herida , y el trozo de madera que, a falta de anestesia, apretó entre los dientes mientras le arreglaban el agujero que le hicieron en Belchite.


Cuántos muertos, y cuánto horror, y cuántos sueños, y cuánto heroísmo, y cuánta sangre, y cuánta mierda acumulado en sólo tres años. Curas santificando balas y justificando ejecuciones o siento torturados como animales, hasta morir. Generales, comandantes, soldados; heroicos y abyectos, y a menudo ambas cosas a la vez. Épica y barbarie, la mejor infantería del mundo contra la mejor infantería del mundo; Caín en plena forma, lo más hermoso y lo más miserable de nuestra tierra y nuestra raza maldita. Chusma acuchillando a los desvalidos, miserables aprovechándose del río revuelto, cambiando de chaqueta, congraciándose con el poderoso. Hombres honrados poniéndose en pie para pelear. Ojos de miedo y desesperación, balazos y bayonetas, casa por casa en Teruel, en la Ciudad Universitaria, monte arriba en Somosierra, Arriba España entre los escombros del alcázar de Toledo, Viva la República en el valle del Jarama. Moros, legionarios, milicianos, héroes y cobardes, vivos y muertos.

El patio del Cuartel de la Montaña en esa foto terrible, el suelo lleno de cadáveres, España eternaque se repite a sí misma en el ritual de la muerte y la tragedia. Plaza de toros de Badajoz, barcos prisión, españoles fusilados por comisarios húngaros o franceses o por legionarios alemanes o fascistas italianos, por hijos de puta que ni siquiera sabían hablar castellano y vinieron aquí a mojar en la sangre y en la muerte que sólo era de nuestra incumbencia, sin que a ellos les hubiera dado nadie maldita vela en nuestro entierro. Mujeres rapadas al cero, hombres humillados ante sus familias y sus vecinos, pidiendo clemencia o escupiendo a la cara a sus verdugos. Y esa foto que tanto me impresiona, la del español bajito y moreno con camisa blanca, que acaba de rendirse y al que llevan a fusilar, y que levanta los brazos resignado, fatalista, con una colilla en la boca.

Esa colilla, ya lo escribí una vez, que siempre tenemos en la boca los españoles cuando nos llevan al paredón.

Dios. Cómo amo y cómo detesto a este país nuestro, cada vez que miro esas fotos. Cómo me enternecen esos rostros que son el rostro de nuestra tragedia, de nuestra desgracia. Pobre gente y pobre España. Qué guerra tan atroz, y tan española, o tan atroz por española. Una guerra civil como Dios manda, guerra civil de la buena, la que enfrenta a hermano contra hermano, a hijo contra padre, a vecino contra vecino. En ninguna guerra como en ésa, la que tuvimos, las que tuvimos antes, y las que a unos cuantos desalmados e irresponsables no les importaría que volviéramos a tener, aflora toda la ruindad que albergan los rincones oscuros del corazón del hombre.

Los viejos rencores, la envidia, el odio vecinal tan propios de la condición humana y tan nuestros; tan españoles. Tú me quitaste la novia, tú desviaste el agua de la acequia, tú mataste un conejo en mis tierras, tú me negaste el pan, tú publicaste aquel libro, tú fuiste feliz y yo no. Delaciones, chivatazos, ajustes de cuentas, canallas que medran con el dolor, y el sufrimiento de los otros, desgraciados que se humillan para comer, o para sobrevivir. Cárceles, campos de batalla, cementerios, exiliados, Machado muriéndose enfermo de pena en el extranjero, Max Aub, Sénder, tantos pobres hombres, mujeres y niños anónimos, perdidos. Españoles detenidos en Rusia y enviados a Siberia, niños de la guerra que luego morirán peleando en Stalingrado, franceses miserables que humillan a los vecinos, a los fugitivos, en la frontera, y que después los entregarán atados de pies y manos a los carniceros nacis...

Cielo santo. Cómo nos dio por el saco todo Dios, todo el mundo, toda Europa, estrangulando a este pobre, entrañable, desgraciado y viejo país. A esta pobre, entrañable, desgraciada y vieja gente nuestra. No es cierto que nos ayudaran; déjenme de milongas pamperas, de camelos retóricos, de demagogia. El arriba firmante se cisca en la solidaridad internacional de las derechas y las izquierdas, en los discursos y en la mandanga. Aquí a la España en guerra, se asomó todo Cristo a ver qué podía mojar en la salsa, a fumarse nuestro tabaco y a quemarnos los muebles. Comprendo que fuéramos un espectáculo apasionante: sangre, vino, mujeres guapas, guerra, romanticismo, intereses estratégicos, barbarie ancestral. Pero que no me vengan con historias de hermandades solidarias. Yo he pasado veintiún años yendo a guerras que no eran mías, y sé de qué iba Hemingway. Por eso me cago en Hemingway y en la madre que lo parió.


El Semanal, 14 de julio de 1996

(No es la patente de esa semana, sino un articulo suelto dentro del suplemento, sobre la Guerra Civil)


http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2902


http://www.capitan-alatriste.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=2887



http://revista-utopia.blogspot.com/2011/04/la-guerra-que-todos-perdimos-arturo.html

sábado, 4 de junio de 2011

viernes, 3 de junio de 2011

Cine - Cinema Paradiso



"Cada uno de nosotros tiene una estrella que ha de seguir. Márchate, ésta tierra está maldita... la vida no es como la has visto en el cine, la vida es más difícil... ¡Márchate!, eres joven, el mundo es tuyo, yo ya soy viejo, no quiero oirte más, solo quiero oir hablar de ti...

...Hagas lo que hagas, ámalo, como amabas la cabina del Cinema Paradiso cuando eras niño"...

Casablanca



Citas de la película:

* - Yvonne: "¿Dónde estuviste anoche?"

- Rick: "¿Anoche? No tengo la menor idea. Hace demasiado tiempo"
- Yvonne: "Y, ¿qué harás esta noche?"
- Rick: "No hago planes con tanta antelación."

* Rick y Louis conversando


- Louis: "Dígame, Rick, ¿qué le ha traído a Casablanca?"
- Rick: "Vine a Casablanca a tomar las aguas."
- Louis: "Pero... ¡si Casablanca es un desierto!"
- Rick: "Al parecer me informaron mal."

Cita atribuida

* "Play it again, Sam."
o Traducción: "Tócala de nuevo, Sam."

o Atribuída al personaje de Rick (Bogart), y sin embargo ningún personaje la pronuncia. El personaje de Ilsa (Ingrid Bergman) dice "Play it, Sam. Play 'As Time Goes By'" ("Tócala, Sam. Toca 'Según pasa el tiempo". Más adelante, Rick dice a Sam "You played it for her, you can play it for me. Play it!" ("La tocaste para ella, la puedes tocar para míhttp://es.wikiquote.org/wiki/Casablanca ¡Tócala!"). La frase "Play it again, Sam" es el título original de la película Sueños de seductor, de Woody Allen.

http://es.wikiquote.org/wiki/Casablanca

- Video -



http://www.youtube.com/watch?v=vbOtyCS-15o&feature=channel_video_title

jueves, 2 de junio de 2011

Economia -



¿Is the IMF an New Form of Colonialism ?
- Joseph Stiglitz says "Yes"

DROGAS - DESPENALIZACION - 3



Brasil: ministro defiende la marihuana


El ministro de Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc, defendió este martes en el Congreso la despenalización de la marihuana, señalando que la droga debía recibir el mismo trato que el cigarrillo y el alcohol para evitar alimentar el tráfico ilegal.


http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/06/090616_0016_marihuana_brasil_jrg.shtml

DROGAS - DESPENALIZACION - 2

El "fracaso" de la guerra al narco: una declaración de efecto incierto


Es algo que ya se ha dicho y parece obvio. Surge de un informe en el que participaron varios ex presidentes y ex funcionarios internacionales, además de intelectuales.http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/06/110602_informe_guerra_drogas_fracaso_analisis_ms.shtml ¿Por qué reiterarlo? ¿De qué sirve? ¿Qué cambia? ¿Por qué esos ex no hicieron algo cuando estuvieron a cargo


http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/06/110602_informe_guerra_drogas_fracaso_analisis_ms.shtmlhttp://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/06/110602_informe_guerra_drogas_fracaso_analisis_ms.shtml

DROGAS - DESPENALIZACION

Personalidades mundiales llaman a ensayar la regulación del cannabis


"La guerra contra la droga está siendo un fracaso, no podemos pretender que funcione". Con esta rotundidad, la Comisión Global de Políticas contra la Droga, liderada por expresidentes de Gobierno, empresarios, personalidades como el exsecretario general de la ONU, Kofi Annan, o el exresponsable de la política exterior de la UE Javier Solana y escritores como Mario Vargas Llosa, se sumará hoy a las voces que reclaman un cambio en la estrategia prohibicionista seguida durante décadas desde Naciones Unidas y abanderada por EE UU desde hace 40 años. Urgen una solución que incluya la despenalización a los consumidores y una rebaja de las penas a los pequeños traficantes. Además, piden que se regule el consumo del cannabis sin excluir otras sustancias a posteriori.


"La política de lucha actual alimenta el crimen organizado y la violencia"
, dicen

Entre 1998 y 2008, el consumo de opiáceos subió un 34,5%, de los 12,9 millones de adictos hasta los 17,35 millones, según la ONU. La cocaína lo hizo un 27% en esa década, hasta un total de 17 millones de consumidores. El cannabis lo hizo un 8,5% y ronda los 160 millones de consumidores.

"Empecemos tratando la adicción como una cuestión de salud, reduciendo la demanda a partir de iniciativas educativas o regulando el consumo de cannabis", destaca Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil, que urge reformas fundamentales y una renovación de concepto en la política de lucha contra la droga iniciada hace medio siglo.

Una de las recomendaciones de este grupo, que presentan en un informe hoy en Nueva York, está dirigida a poner fin a la penalización, marginalización y estigmatización de consumidores de drogas "que no son un peligro para otros". La acción represiva dirigida al consumo impide que se adopten medidas de salud pública para reducir el sida, las muertes por sobredosis y otras consecuencias del consumo de estupefacientes, afirman. Recomiendan que se ofrezcan tratamientos más allá de la metadona y la buprenorfina, como programas de asistencia con heroína.

España sigue la senda de otros países como Alemania o Canadá, donde la heroína se utiliza como medicamento compasivo -bajo la vigilancia de las autoridades-, y durante un proyecto de investigación, como el iniciado en 2003 en el hospital Virgen de las Nieves, en Granada. Allí, "23 de los 60 pacientes que empezaron ya se han desintoxicado", indica Joan Carles March, director del programa, informa Laura Contreras.

Los líderes animan a los Gobiernos a que "experimenten" con modelos legales que permitan "minar" el poder del crimen organizado a la vez que se garantiza la seguridad y la salud de los ciudadanos. Esta recomendación se aplicaría al consumo de cannabis, donde ya se están dando algunos pasos en la despenalización, incluido EE UU.

"La buena noticia es que las políticas enfocadas en la regulación [que no es lo mismo que legalización] y la despenalización funcionan", señala el patrón de Virgin, Richard Branson. Se trata de "quitar el poder de las manos del crimen organizado", dice.

Los firmantes del informe remachan que "hay que respetar" los derechos humanos de los toxicómanos, "tratándolos como pacientes, no como criminales", subraya Branson. "Muchos son víctimas", recalca el informe. En él se considera que las políticas actuales "alimentan la violencia y el crimen organizado".

La ONU, señala la comisión, debería guiar este debate, para dar así cohesión a las acciones de los países. Y aunque acoge positivamente el cambio de tono de la Administración que preside Barack Obama y su apertura a otras alternativas, le pide que esa nueva retórica se plasme en una reforma real y use su influencia para sumar a otros países.


Experiencias de legalización

- Los 'coffee shop'. En Holanda está tolerada la venta al por menor y el consumo de cannabis en tiendas y cafés especializados. Algunas ciudades han tomado medidas para limitar el acceso a los vecinos y frenar el turismo atraído por esta droga.

- El porro terapéutico
. En Estados Unidos varios gobiernos federados, entre ellos California, han regulado la venta de marihuana bajo indicación médica. Esto ha dado pie a una cierta industria legal del cannabis, que se receta para un abanico amplio de males. Sin embargo, la legalización del consumo recreativo se planteó en California a través de un referéndum pero no obtuvo la mayoría.

- Heroína como fármaco. Varios países, como Suiza y Holanda, dispensan de forma controlada heroína (inyectada, oral o inhalada) a drogodependientes que han fracasado con otros tratamientos como la metadona. En España se estudia ampliar a la oral en un futuro próximo.


http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Personalidades/mundiales/llaman/ensayar/regulacion/cannabis/elpepisoc/20110602elpepisoc_8/Tes

miércoles, 1 de junio de 2011

Why the Germans and French Prefer to Rent



http://solari.com/blog/?p=11423


Independent.co.uk
Why the Germans and French prefer to rent

View from the Continent

By Tony Paterson and John Lichfield
Tuesday, 31 May 2011

Englishmen may see themselves as king of their own castles, but the fact that Europe largely did away with its monarchies many years ago does not necessarily explain why those on the Continent are happier to rent, even if the situation is starting to change.

Property ownership in Europe: click here to download graphic (130k)

Germany has the greatest proportion of home-renters in Europe, and Germans still prefer to rent accommodation rather than own it. Only 39 per cent of the population own the homes that they live in compared with about 60 per cent in Britain. But that pattern is changing. Berlin is experiencing a boom in property buying: hundreds of recently renovated, turn-of-the-last-century apartments are being snapped up by wealthy Germans.

But as home ownership gradually increases, renting is still seen as a perfectly acceptable alternative, and is much more part of the fabric of German society. Rents controlled by local government and the reluctance of banks or housing associations to provide would-be home-owners with mortgages are among the main reasons for the Germans' preference for renting.

Unlike in Britain, Germany's more cautious banking system requires would-be home-owners to provide substantial guarantees of their ability to finance a loan before granting a mortgage. For many on low incomes or with little capital, owning a home has simply never been an option.

And even when the Germans buy, they often buy a plot of land and have a new home built from scratch rather than buying an old house. This is in part owing to lack of housing stock. Even in Britain, attitudes are changing, with more people buying up older housing and renovating it.

France likes to think of itself as a nation of owner-occupiers. But it is not. Only just over 50 per cent of French people live in their own properties. In Paris, the figure is less than one in three.

President Nicolas Sarkozy declared, Thatcher-like, four years ago that he intended to turn France into a nation of home-owners. He has failed. The proportion of owner-occupiers in France fell in the 1990s and crept up in the Noughties but has been pushed back by a boom in property prices in the past two years.

Even relatively well-off young couples now find it impossible to afford to buy a flat in Paris. The average asking price has just broken the €8,000-a-square-metre barrier for the first time. Unless you have a large lump sum of cash, you could never find a mortgage on a similar flat at a similar weekly price. Rents are also high – maybe €600 a week for 100 square metres in a reasonably good area – but annual increases have been held back by a change in the law since 2008.

As a result, renting a flat or house in France is still relatively respectable, even a normal state of affairs, especially in the big cities. There is no social disgrace to being a tenant in Paris or Lyon.

http://www.independent.co.uk/life-style/house-and-home/property/why-the-germans-and-french-prefer-to-rent-2291077.html?service=Print