domingo, 9 de diciembre de 2012

Antonio Machado- Proverbios y cantares - I



Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitmente y quebrarse.

Antonio Machado - Caminante no hay camino


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.


 Extracto de Proverbios y cantares (XXIX)

Caminante no hay camino - Poemas de Antonio Machado

G. K. Chesterton - El color de España


Yo admiro a los británicos por muchas cosas. Anters de venir aquí, les admiraba un poco "iracionalmente". Ahora he descubierto que parte de mi admiración era correcta, pero que otra no.
Esta es una sociedad enferma y cada vez más. Desde los años 50 o 60, está en declive.


Es de admirar que hayan hecho pasar inadvertido en este pais y en el mundo el que dejaran en los 1840s morir de hambre a 4 millones de conciudadanos, por el hecho de ser irlandeses, sin que nadie moviera un dedo.


Es de admirar que hayan hecho pasar inadvertido en este pais y en el mundo el que UK haya protagoniozado el más perfecto genocidio de la historia en los 1830s en la isla de Tasmania con el asesinato del 100% de la población de la isla.


Luego si tienen buenas universidades y son educados...
Digamos que he refinado mi anglofilia.
Un abrazo antonio


El Baluarte de la Hispanidad: El color de España y otros ensayos, de G. K. Chesterton

G. K. Chesterton:- Franceses e ingleses

 Del blog: ensayos chesterton. blogspot

Franceses e ingleses-G.K.CHESTERTON


Título original: «French and English», en All Things Considered

Traducción de Juan Manuel Salmerón, extraída de su pagina Web: http://juanmanuelsalmeron.com/



Es obvio que hay una gran diferencia entre ser internacional y ser cosmopolita. Todas las buenas personas son internacionales. Casi todas las malas personas son cosmopolitas. Si queremos ser internacionales, primero debemos ser nacionales. Que quienes a sí mismos se llaman «amigos de la paz» tengan tan poco peso en las naciones a las que pertenecen se debe en gran medida a que no han reflexionado lo bastante en esta distinción. 


La paz internacional significa la paz entre las naciones, no la paz después de la destrucción de las naciones, como la paz budista es la paz después de la destrucción de la personalidad. La edad de oro del buen europeo es como el cielo del cristiano, un lugar en el que nos amaremos unos a otros, no como el cielo de los hindúes, un lugar en el que ellos serán unos y otros. Esto podemos verlo de una manera curiosa en el caso del carácter nacional. Creo que estaremos de acuerdo en que cuanto más aprecie y admire un hombre el alma de un pueblo, menos querrá imitarla; será consciente de que hay en ella algo demasiado profundo e indómito para ser imitado. 

El inglés al que simplemente le guste Francia intentará ser francés; el inglés que de verdad admire Francia se empeñará en seguir siendo inglés. Esto puede observarse muy bien en nuestra relación con los franceses, porque una de las mayores peculiaridades de estos es que todos sus vicios están en la superficie y sus extraordinarias virtudes escondidas. Casi puede decirse que sus vicios son la flor de sus virtudes.

Su obscenidad, por ejemplo, es una manifestación de su afán por sacarlo todo a la luz. La avaricia de sus campesinos demuestra la independencia de sus campesinos. Lo que los ingleses llaman su rudeza en las calles es una cara de su igualdad social. La grave mirada de sus mujeres es la expresión de la responsabilidad de sus mujeres, y cierta inconsciente brutalidad y precipitación con la que se mueven y actúan los hombres, señal de su inagotable y extraordinario valor militar. 

De todos los países, pues, Francia es el que menos puede admirar un necio superficial. Que el necio odie Francia: si la amara, pronto sería un granuja. La admirará sin duda no solo por cosas poco encomiables, sino sobre todo por cosas que no tiene. Admirará su gracia e indolencia, cuando es el más industrioso de los pueblos. Admirará su romanticismo y fantasía, cuando son las más respetables y adocenadas de las gentes. Este error cometerá el inglés que admire Francia precipitadamente, pero el error que cometa con Francia será leve comparado con el que cometa consigo mismo. Un inglés que dice que le gustan las novelas realistas francesas, que se siente bien en un teatro francés moderno, que no lo impresionan las brutales caricaturas francesas, comete un error muy peligroso para su propia sinceridad. Admira algo que no entiende. Recoge donde no sembró, toma de donde no puso, intenta comer el fruto sin haber trabajado el árbol, quiere recolectar la exquisita cosecha del cinismo francés sin haber labrado el duro pero rico suelo de la virtud francesa.
Todo esto solo lo entenderá un inglés si volvemos las tornas. Imaginemos a un francés que viene de la democrática Francia a vivir en Inglaterra, donde la sombra de las grandes casas cae por doquier y hasta la libertad fue, en su origen, aristocrática. Si el francés viera nuestra aristocracia y le gustara, si viera nuestra arrogancia clasista y le gustara, si él mismo las imitara, todos sabemos lo que sentiríamos. Sentiríamos que ese francés es un bicho repugnante. Imitaría a la aristocracia inglesa, imitaría el vicio inglés. Pero no entendería el vicio que copia: no entendería sobre todo que el vicio es en parte una virtud. No entendería aquellos rasgos del carácter inglés que compensan su aristocratismo y lo hacen humano: su gran amabilidad, su hospitalidad, su inconsciente poesía, su conservadurismo sentimental, que tanto admira a la alta burguesía. El realista francés ve que los ingleses aman a su rey. Pero no comprende que a la vez que es abyecto por adorar a un rey, es casi noble por adorar a un rey sin poder. La impotencia de los soberanos de la casa de Hanover ha elevado al leal súbdito inglés poco menos que a la dignidad de hidalgo jacobita. El francés ve que el criado inglés es respetuoso, pero no comprende que también es irrespetuoso; no sabe que hay una tradición inglesa del criado jocoso y leal que es tan característico como su amo: Caleb Balderstone, Sam Weller;° ve que los ingleses admiran a un noble, pero no tiene en cuenta que lo admiran más cuando no se comporta como un noble. A los ingleses les gustan los nobles inconscientes y amables: el siervo puede ser humilde, pero el amo no debe ser soberbio. El noble representa la vida como a ellos les gustaría disfrutarla, y uno de los goces que más sinceramente desean que represente es el de la generosidad, el de repartir dinero a manos llenas o, por usar el noble término medieval, el de la largueza... el placer de la largueza. Por eso nos dice un cochero que no somos unos caballeros cuando le damos solo lo justo. No solamente herimos su bolsillo, sino también su alma. Herimos su ideal. Defraudamos su idea del perfecto aristócrata. Sé que esto es muy sutil y escurridizo, y que en el amor que los ingleses profesan a los señores es muy difícil distinguir lo que es una especie de vicaria nobleza del mero servilismo. A los franceses le costará mucho distinguirlo. Creerán que es simple servilismo y si lo adoptan serán unos siervos. Por lo mismo deben de creer los ingleses (al principio) que la franqueza francesa es simple grosería. Y si la adoptan serán unos groseros. Son rasgos del carácter nacional difíciles de comprender. Se requieren largos años de paz y abundancia, el lento crecimiento de los grandes parques, el curado de las vigas de roble, el oscuro envejecimiento del vino tinto en sótanos y bodegas, todo el ocio y toda la vida de Inglaterra durante varios siglos, para que al final se produzca el generoso y genial fruto del aristocratismo inglés. Y se requieren revueltas y barricadas, cantos callejeros y hombres andrajosos que mueran por una idea, para que se produzca y se justifique la terrible flor de la indecencia francesa. 


Hace poco estuve en París y fui con un amigo inglés a un teatro en el que representaban, en rápida sucesión, una serie de brillantísimas obras teatro francesas de unos veinte minutos de duración. Todas eran de grandísimo efecto, pero una lo era a tal extremo que cuando salimos del teatro mi amigo y yo nos peleamos y casi tuvo que intervenir la policía. La idea de la obrita era mostrar cómo reaccionan los hombres en un naufragio o en un desastre naval, cómo se desesperan, gritan, luchan unos contra otros sin objeto y solo movidos por el odio. A esto se añadía una escena llena de esa horrible ironía que empezó con Voltaire, en la que un gran político pronunciaba un discurso en el que hablaba de los fallecidos como de héroes muertos en un abrazo fraternal. Cuando mi amigo y yo salimos del teatro, dijo él, como habría dicho un francés, pues llevaba mucho tiempo viviendo en París: «¡Qué admirable drama! ¿No te parece estupendo?». «No», le contesté yo, tomando en la medida que pude la tradicional actitud de John Bull en las viñetas de Punch.° «No es estupendo. Quizá es absurdo, y si lo es, no me importa. Pero si no es absurdo, si tiene un sentido, el sentido es este: que bajo su apariencia caballeresca los hombres no son más que unos animales, unos animales acorralados. 


No conozco mucho a la humanidad, menos aún a la humanidad que habla francés, pero sí sé cuándo una cosa está hecha para elevar el ánimo y cuándo para deprimirlo. Sé queCyrano de Bergerac (comedia en la que los actores hablan incluso más rápido) fue hecho para infundir ánimos. Y sé que eso está hecho para abatirlos.» «Esa visión del arte sentimental y moral», empezó a decir mi amigo, y yo lo atajé de manera fulminante: «Déjame que te diga lo que Jaurès le dijo a Liebknecht en el congreso socialista: “Tú no has muerto en las barricadas”. 

Tú eres un inglés, como yo, y debes ser tan amable como yo. 
Esta gente tiene cierto derecho a ser terrible en arte porque ha sido terrible en política. Pueden sufrir torturas falsas en el escenario porque en las calles han sufrido torturas reales. 
Han padecido por la democracia, han padecido por el catolicismo. Para ellos puede ser natural padecer por la literatura. ¡Pero, por Dios, para mí no lo es en absoluto! Y lo peor de todo es que yo, que soy un inglés y me gusta la tranquilidad y el orden, deba sentirme tranquilo viendo estas cosas. 
Los franceses no buscan aquí tranquilidad, sino tumulto. Este pueblo inquieto quiere estar siempre en un estado de constante tensión revolucionaria. Los franceses, que aman las revoluciones, pueden hallar estimulante el ver a la humanidad humillada. ¡Pero no quiera Dios que dos ingleses amantes del placer se deleiten nunca en ello!» 

Ensayos de G. K. Chesterton: Franceses e ingleses-G.K.CHESTERTON

Fray Luis de León - A la salida de la cárcel


lunes, 3 de diciembre de 2012

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Formas Jurídicas de Constitución -  características y trámites



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SOCIEDAD LIMITADA NUEVA EMPRESA Mínimo 1-Máximo 5 Mín. 3.012 €
Máx. 120.202 €
Limitada al capital aportado CARACTERÍSTICAS  TRÁMITES
SOCIEDAD ANÓNIMA Mínimo 1 60.000 € Limitada al capital aportado CARACTERÍSTICAS  TRÁMITES
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La Sexta - Vídeos de Salvados TV - 18 de Noviembre de 2012

OLIGOPOLY: El juego de la energía

La Sexta - Vídeos de Salvados TV - 18 de Noviembre de 2012





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Gerardo Díaz Ferrán



El ex presidente de la CEOE y ex dueño de Grupo Marsans Gerardo Díaz Ferrán ha sido detenido esta mañana en su domicilio de Madrid en el marco de una operación relacionada con presuntos delitos de blanqueo de capitales, alzamiento de bienes y ocultación de bienes, según fuentes policiales.

 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/03/economia/1354529383.html
http://www.expansion.com/2012/12/03/empresas/1354529568.html